por Chus Sanesteban Iglesias

"Para. Párate y míranos. Déjate envolver por nuestro arrullo, por nuestro Va, pensiero de libertad. Aquí nos encontramos como dos individualidades que no suman dos, sino muchas emociones, las de un singular nombre y yo.
Soy ojo de agua surgido por la dejadez, mansedumbre decorada por cambiantes objetos, vida muerta otrora llena de luz que ahora flota sobre mí. Tú, bosque, troncos del cielo y la tierra, eres parte de mí. Con puntualidad te pregunto por qué lloras. Piensa en lo que piensas cuando lloras y derramas tus lágrimas sobre mí. Con vosotras comparto corta vida, vuestro sueño inalcanzado, una promesa incumplida y el collar de lágrimas de Job del último Narciso que nos escuchó".

 

Me gustaría escribir que me dirijo a algún lugar físico a entrevistar a Carlos pero será de mi casa a su mundo,un viaje de ida y vuelta para las letras. Palabras viajeras como Carlos. Pero como buen narrador de historias, Carlos pone escenario a esta entrevista, su escenario ideal para este momento.

CARLOS:

P.¿ Qué destacarías de tu vida artística ?

– La verdad es que no mucho. Ninguna de mis actividades llamémosle “artísticas” me produce ingresos económicos de ningún tipo; en ese aspecto, creo que nunca he pasado de ser un mero aficionado. No me siento conforme con el mundo en el que vivo, pero soy consciente de que apenas puedo hacer algo para cambiarlo; en cualquier caso, siempre me ha movido un deseo profundo de conocerlo mejor (razón por la que empecé mis estudios de sociología). El arte, ante todo, creo que debe proponer preguntas, cuestionar consensos, debe ser incisivo, molesto, incómodo. Pero también puede ofrecer al autor una especie de vía de análisis para no sólo situarse frente a la vida que le rodea, sino también para desbrozarla y contemplarla con cierto afán de clarificación. Como dije en alguna ocasión, escribir me permite, entre otras cosas, conocer mejor mi propia especie.

P. Los protagonistas de tu última novela, Fernando y Patricia, sufren el asesinato de su hijo César. Fernando lo busca incansablemente mientras su mujer viaja a su niñez. Según la sociología, ¿ Cuál es la reacción más lógica? ¿ Y la más común?

– Desde la sociología se abordaría la manera en que las diferentes sociedades y culturas asumen el hecho traumático de la muerte, los ritos con que la envuelven y el sistema de creencias con el que los individuos tratan de integrar en su cosmogonía particular algo tan inevitable como el fin de la vida. Como ejemplo extremo, creo que todavía debe quedar algún grupo por ahí que tradicionalmente exigía que las viudas se prendieran fuego junto al cadáver de su esposo.Pero a la hora de novelar, me interesan otras cosas. Me interesa en primer lugar que mis personajes no sean entes estáticos, me interesa golpearlos donde más les duele para que reaccionen, para que se muestren sin falsos tapujos ni caretas. Y me gusta también confrontarlos no solo con el mundo que les rodea, sino con ellos mismos: lo que son, lo que han sido, lo que todavía pueden llegar a ser. Fernando y Patricia actúan quizá de una manera un tanto extrema, pero a través de ellos quería abordar dos actitudes generales que a menudo se dan ante la vida: la conformista, la que apenas cuestiona lo que hay, que acepta el acervo común de sus contemporáneos y quiere reconocerse como uno más del grupo, y la que se rebela porque detesta el comportamiento reglado de la mayoría, porque rechaza lo establecido, por no lo acepta ni lo asume, porque no se siente a gusto siendo quien es y quiere alcanzar otra meta, otro objetivo. De alguna manera, a Patricia la muerte de su hijo le permite retomar su vida en el instante en que, siendo aún adolescente, la dejó para acoplarse sin apenas resistencia a los requerimientos de una existencia ordenada y sencilla. A Fernando, en cambio, aquello lo desplaza de la normalidad, del consenso social, del mundo cómodo y fácil al que aspira.

P. ¿ Con cuál de tus relatos, premios y fotografías te quedarías ?

– Es una pregunta muy difícil de responder. Quienes me conocen saben que suelo ser muy poco autocomplaciente con lo que hago. Generalmente, cuando acabo de escribir una novela siempre pienso que por fin he hecho algo que merece la pena, que esto sí que es lo que quería hacer. Las decepciones vienen cuando toca repasar, entonces veo que aquello hace aguas por muchos sitios, que adolece de continuas incoherencias de estilo, de multitud de lugares comunes, incluso de superficialidad en algunos casos. Entonces toca corregir mucho, pero no logro conseguir la obra que realmente quería escribir. Pero respondiendo a tu pregunta, tengo que decir que mi última novela, “Lo que fue de nosotros”, es por el momento la obra de la que me siento más satisfecho, quizá porque ha sido mi novela de construcción más anárquica. De mis trabajos fotográficos, quizá salvaría una serie titulada “Mujeres” que realicé hace ya unos cuantos años en la que trataba de abordar desde un punto de vista un tanto naif el universo femenino.

P. ¿ Qué novela te gustaría haber escrito de la Historia de la Literatura ?

– Uf, no lo sé. Muchas, supongo. Últimamente he descubierto a un autor que me fascina, Ángel Olgoso, y si pudiera tener un don, creo que elegiría poder escribir con tanta perfección como él. Pero hay tantas novelas que me apasionan y tantos escritores que me dan mil vueltas que me siento incapaz de escoger una sola. Sería injusto con los demás.

P. ¿Qué escritor te gustaría que colaborase en tu revista www.revistanarrativas.com ?

– Así de pronto se me ocurren muchísimos. De hecho, de vez en cuando escribo a algunos autores a los que admiro solicitándoles colaboración. Tengo que decir que la mayor parte contesta afirmativamente, lo cual me alegra enormemente, aunque también ha habido quien ni siquiera me ha respondido. Pero tengo que decir que la mayoría se muestra receptiva y generosa en ese aspecto. Un pequeño vistazo a los autores que han colaborado en la revista a lo largo de estos años ayuda a identificar a los que sí que nos han permitido publicar alguno de sus textos.

P. Carlos, ¿ qué te quita el sueño ?

– Quitarme el sueño nada, y la verdad es que cada vez me preocupan menos cosas, de verdad. Supongo que es un proceso natural de desencanto que va aparejado al hecho de hacerse mayor, pero cada vez siento menos empatía por mis semejantes. También soporto cada vez menos la vulgaridad y la superficialidad, la forma en que la gente repite los tópicos más comunes sin pensar ni por un segundo si tienen alguna validez. Pero digamos que lo que más me ofende es la capacidad infinita del ser humano para autoengañarse, para ver las cosas como quiere que sean y no como realmente son.P. Una pregunta que no te haya hecho y te hubiese gustado (con respuesta, claro)– No lo sé. Lo cierto es que me asombra que alguien quiera saber algo de mí, no creo que en realidad tenga mucho que aportar a los demás. En alguna ocasión me preguntaron a qué renunciaría si tuviera que elegir entre la literatura y la fotografía. No sé qué respondí entonces, pero creo que ahora diría que si me viera obligado a escoger (circunstancia meramente teórica que nunca llega a presentarse en la práctica), renunciaría a ambas para elegir viajar, moverme por el mundo, llegar a lugares donde nunca antes he puesto el pie, adentrarme en culturas que nada tienen que ver con la mía, ver, escuchar, sentir experiencias nuevas, dejarme llevar en suma por realidades diferentes a la mía.  

 

 

 

 

 

Fotografía: Carlos Manzano: narrador, fotógrafo, viajero y sociólogo español.